Merida. Templo de Marte

Acuarela sobre papel Arches grano grueso 21x16cms

Levantada junto a la Basílica de Santa Eulalia sobre el lugar donde, según la tradición, padeció martirio y muerte la joven virgen emeritense, esta capilla conocida como Hornito de Santa Eulalia conserva en su atrio diversos restos del Templo de Marte reutilizados en su construcción, clara muestra del sometimiento que la historia aguardaba a las religiones paganas frente a la nueva religión cristiana.
Cuenta el poeta hispanolatino Prudencio en su himno dedicado a la mártir Eulalia de Mérida, publicado poco antes de la muerte del erudito a comienzos del siglo V junto con otras obras poéticas basadas en la religión cristiana, que el día 10 de diciembre del año 304 una joven de nombre Eulalia nacida doce años antes en la que por entonces aún se denominaba Emérita Augusta, se presentó ante el gobernador de la ciudad, de nombre Daciano, para protestar frente al decreto que el emperador Diocleciano había dictado prohibiendo el culto a Jesucristo y la liturgia cristiana. Ante las palabras de la joven Daciano decidió conseguir su retractación ofreciéndole diversos regalos e invitándola a adorar a los dioses paganos. Eulalia no sólo no accedió, sino que tiró por los suelos los presentes y ofrendas, escupiendo a la cara del dirigente. Mandó entonces el pretor que la apresaran y torturaran hasta la muerte, azotándola y abriéndole la carne con garfios, introduciendo teas encendidas en las heridas y quemándole finalmente los miembros y los cabellos. Envuelta en llamas, la joven falleció, surgiendo milagrosamente y según diversos testigos de su boca una blanca paloma que se elevó a los cielos, del que después cayó una copiosa nevada que cubriría el cuerpo desnudo y calcinado de la mártir.

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